viernes, noviembre 03, 2006

"He aquí el amor", Jorge Eduardo Eielson

He aquí el amor.
Repito:
He aquí el amor.

Pero mejor hablaremos de esta puerta.
Una puerta es una puerta
a la que yo golpeo día y noche,
a la que yo golpeo día y noche,
a la que yo golpeo día y noche.
Y aunque nadie responda,
y aunque nadie responda,
y aunque nadie responda,
el aire es el aire de todos los dias,
las plantas son verdes como siempre,
y el mismo cielo esférico me envuelve
lunes, martes, miércoles,jueves, viernes, sábado y domingo.
¿Pero, qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
En cambio, esta puerta es indudable;
por ella entro y salgo día y noche
hacia los verdes campos que me esperan,
hacia el mismo cielo esférico y perenne.

¿Pero qué puedo yo decir del amor?
¿Qué puedo yo decir del amor?
¿qué puedo yo decir del amor?
Mejor sigo hablando de esta puerta.

miércoles, noviembre 01, 2006

Labios


"Esta noche, a las doce en punto." Hablaba, pero yo ya no le escuchaba, me hallaba sumergida en el océano de sus ojos, en el marrón infinito que para mí representaba un millón de amaneceres a su lado, un mundo de verdades, de palabras y silencios, de momentos que bajo ninguna circunstancia quería dejar escapar.
Miraba sus labios moverse mientras susurraba aquellas palabras, no necesitaba saber lo que decía, porque siempre decía la misma hora. La hora en la que las hadas visitan a los niños para darles las buenas noches, el momento en el que la mitad de la población se iba a la cama y la otra mitad permanecía abrazada a su pareja en el sillón, con el televisor encendido pero sin prestarle atención alguna.

Sus labios se movían y a ratos dejaban ver o tapaban los dientes blancos y perfectos que habitaban su boca, mi boca. La lengua se movía para marcar sílaba tras sílaba un mundo de fonemas, una promesa, una imagen en la que no harán falta las palabras, un par de cuerpos unidos por un nexo común: el amor que comparten.
Y la escena se repite una y otra vez en mi mente, siempre distinta, siempre especial, y cada día, al llegar las doce en punto, la imagen cobra vida y ya no es un pictograma, es una realidad de la que formo parte, son unos brazos que me abrazan, una boca que quiere comerme, unos labios que susurran en mi oído, pero no me hace falta oírlos, pues otra vez están diciendo, cuando tenemos que separarnos, que el mundo no acaba ahí, que tenemos infinitas noches a nuestro alrededor, y que lo único que tenemos que hacer es invocar a la luna y las estrellas para que vuelvan pronto y vuelvan a ser, como siempre, las doce en punto.


¡¡Felicidadees!!