domingo, octubre 21, 2007

:(

No puedo dormir... y quizá no quiera hacerlo. Quiero llorar, llorar y sentirme una niña de nuevo, quiero tener a alguien al lado que me dé el abrazo que necesito, un amigo en el que pueda acurrucarme y hablar, y contar todo lo que pasa por mi mente en estos momentos.
Y sólo acudirá uno a mi llamada, y no podré hablar porque el agradecimiento me atragantará. Pero si pudiera contarle... le diría tantas cosas...
Gracias Ana, gracias Nico... Clarita, ahí como siempre... te quiero, nena.
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Hasta aquí improvisado. Ahora, lo que escribí el otro día...
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No puedo escribir porque estoy bloqueada. Tengo un cierre que salta cuando intento hablar de amor porque siento que no debería hacerlo, porque siento que eso es lo que me pediste el día que lo hablé contigo, aunque quizá (sólo quizá) no llegaras a materializar tu petición con palabras, sino tan sólo con miradas que no llegué a ver porque no estabas a mi lado.
No puedo hablar de amistad porque sé cuál será la respuesta y no quiero ni puedo oírla. Porque todos os decís mis amigos, pero sólo hay uno con el que puedo hablar (el que quiera entender, que entienda), sólo uno me lo ha demostrado en todo momento.
No puedo hablar de distancia porque esa distancia me duele. Me duelen los amigos que no están, los que no pueden venir cuando son los únicos que necesito.
Y no puedo hablar de dolor porque las palabras no consiguen materializar lo que mi alma ruge. Dolor, impotencia... imposibilidad...
Y no puedo escribir porque lo leerás... y, no sé por qué, creo que no deberías hacerlo.
Sé que, si hablo, puede que alguien me escuche. Pero tengo miedo de que ese "alguien" no conteste, de que todo sea un monólogo en el que te sientas impotente por no poder ayudarme.

martes, octubre 16, 2007

Texto con tres frases: Odio cuando me miras así...

Odio cuando me miras así, como si realmente te importara. Odio los abrazos y los besos que no me has dado, cada una de las sonrisas, cada día hablando contigo. Los odio todos y cada uno de ellos porque me dan las esperanzas que me ayudan a levantarme cada mañana y se desvanecen al llegar la noche y ver que nada ha cambiado. Odio los chistes, las bromas que me hacen sentirme cerca de ti. Odio no poder decírtelo, no poder hablar contigo de lo que realmente me gustaría decirte.
Ayer me apoyé en el alféizar de mi ventana y me quedé observando la luna, ¿sabes? Pensé en cómo sería si pudieras verla aquí, conmigo. Pensé en qué te diría, en cómo jugaría con esa lengua que tantas ganas tengo de probar. Pensé en nuestro primer beso, en las caricias... ¡Cómo acariciaría tu mandíbula sin dejar de tocarte! Recorriendo tu cara y todo tu cuerpo.
Se te olvidó cierta parte importante. Se te olvidó que te quería. Guardaste aquello en una caja y se la diste al olvido. Olvidaste que es mi amigo, mi amigo fiel. El que nunca me traicionaría. Y anoche, cuando miraba la luna pensando en tu mirada, el olvido vino y me dio tu caja, con mi corazón en pedazos contenido en ella.
Olvidaste nuestro futuro, nuestro pasado... Me olvidaste. Y mi amigo llamó a la ventana, dejándome llorar sobre su hombro e intentando hacerme olvidar...