miércoles, octubre 28, 2009

"El beso en la Place de l'Hotel de Ville" de Robert Doisneau

Hoy hablamos de esta fotografía:

Se trata de una de las más famosas del mundo: "El beso en la plaza del hotel de Ville". Yo siempre había oído que era una foto espontánea y que la pareja que sale en la misma son un marinero que acababa de llegar de no sé dónde (supongo que de la guerra... no sé si de Pearl Harbor, puede ser) y besó a la primera que pasó por allí.

Pero ayer buscaba algo más de información sobre esta "instantánea" y descubrí que lo que se considera "uno de los iconos del amor espontáneo" es un posado. ¿Lo sabíais? Esta es la historia real:

Se tomó en 1950. Doisneau paseaba un día y vio a una pareja de estudiantes de arte dramático (Jacques Carteaud y Francoise Bornet) besándose en una cafetería. Ni corto ni perezoso, se dirigió a ellos y les pidió que repitieran el beso apasionado que acababa de presenciar, pero frente al ayuntamiento de París. Eh, voila! Esta foto es el resultado: una foto posada que se ha convertido en una de las más vendidas del mundo.

Por otra parte, la pareja de la foto se mantuvo unida durante apenas ¡¡8 meses!! ¿No es irónico?

Podéis leer algo más de la historia aquí: http://santino.blogia.com/2005/050401-el-beso-en-la-place-de-l-hotel-de-ville-de-robert-doisneau.php

jueves, octubre 15, 2009

Alexander Pope (creo)

"Si el amor por igual es una quimera,
deja que sea yo el que más te quiera."

¡Buenos días! Y hasta pronto =)

lunes, octubre 05, 2009

Cuevas

Saltando sobre las piedras, cruzamos el riachuelo y ante mis ojos se abrió un espectáculo maravilloso, una verdadera joya de la naturaleza. "Es mi sitio preferido de este pueblo," dijo, y entendí perfectamente por qué lo decía, por qué lo sentía así, porque de verdad era lo más bonito que había visto aquellos días.

Seguí sus indicaciones y me metí desnuda en el río estancado. Y floté, dejé que aquel agua se llevara los restos de ti, dejé de llorar al recordarte; incluso dejé de pensar en ti, en qué harías, en si serías feliz. Dejé que el río se llevara mis preocupaciones, que arrastrara tu esencia, grabada a fuego en mi cuerpo. Te dejé en aquel río y deseé ser libre de ti, de tu presencia. Y durante unos instantes cerré los ojos al sol y me sentí como hacía tiempo que no me sentía. Sentí que nunca más te volvería a echar de menos y empecé a reír a carcajadas. No una risa histérica, sino una de liberación, de saber que por fin había soltado todo el lastre que arrastraba mi cuerpo. Y, por un segundo, temí que el río, al arrastrarte, te hiciera más partícipe de las cosas. Pero entonces me di cuenta de que la corriente no te arrastraba, sino que te deshacías en ella. Y me pareció oírte gritar, pero no se me pasó por la cabeza ir a salvarte porque por fin sabía que no te lo merecías.

Seguía tranquila, flotando en una calma de la que era plenamente consciente y de la que no quería salir. Pero entonces noté sus labios contra los míos, dejé de flotar y volví a la tierra...


E hicimos el amor despacio sobre una roca, al sol, como siempre había soñado.