miércoles, mayo 16, 2007

La estrella que fue

Me hablas y me escribes sobre un gatito huérfano, un gato que perdió a la estrella que lo cuidaba, la que observaba cada uno de sus pasos, un gato que la busca ahora que la siente perdida, quizá porque siempre la dio por supuesta y no quiso (o no supo) apreciar los momentos que pasaban juntos.

El gato la busca ahora en la noche, ¿dónde si no? Se preguntará. Y no la encuentra… porque no está allí. La estrella cayó. Herida, no pudo sostenerse por sí misma en el firmamento y tuvo que bajar antes de que se extinguieran todas sus fuerzas. Por eso no la puede encontrar ahora, porque no la busca donde debería…

Dile al gato que deje de mirar al cielo porque no la encontrará, sólo verá el vacío que deja su ausencia, vacío en el lugar que ella ocupaba, donde siempre la buscó y ella siempre respondió a su llamada, y ahora no tiene sentido seguir mirando a un punto en blanco, ya no… o quizá nunca lo tuvo. No es como dejar la mirada perdida, ya que él la tiene fija en un punto que ya no existe…

Repítele que la estrella ya no está en el cielo, que no fue una ilusión: ella existió, estuvo allí, pero ahora ya no… y, sin embargo, está donde siempre estuvo, aunque el gato no lo quiera ver, aunque no la sepa buscar, ella se encuentra a su lado, como siempre estuvo, como siempre estará. Y mientras me hablas de un gato que busca a su estrella yo te podría contar mil historias de la estrella que espera que el gato la encuentre, pero él ya no la reconoce, no sabe que está a su lado cada día, cada tarde, y por ello llora ella cada noche, convirtiéndose sus lágrimas en el rocío de la mañana.

La estrella busca a un gato que ya no sabe qué espera encontrar, el gato busca a la estrella… y yo me pregunto… ¿Por qué coño no se encuentran?

viernes, mayo 04, 2007

Pensando en ti / Te odio

Como veréis, no tenía muy claro qué título ponerle a esto...
Me he sentido taaan tonta después de escribirlo...
En fin, aquí está.

¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti? Incluso ahora, en la soledad que me produce estar en esta habitación llena de gente, tu imagen me persigue en mi mente. Ya no sé si es que estoy loca. Debo de estarlo… Tal vez simplemente sea que te sigo queriendo, no puedo saberlo.

Sé que ayer discutimos y me dolió más que nunca, porque después mis dedos no pudieron recorrer tu rostro como habrían hecho antes, para después abrazarte. Y te odié. Te odié por no quererme, por poder olvidar todo tan fácilmente, te odié porque envidio esa facilidad tuya para desconectar de todo lo personal… te odié porque te amo y algo me dice que no debería, que te olvide, que será lo mejor… pero no puedo hacerlo cuando te veo cada día, cuando una sola mirada tuya hace que se derrumbe toda mi determinación, cuando cada noche me persigues insistiendo en que la espera merece la pena, en que no busque a otro. Quizá sea simplemente que no quiero.

Incluso ahora, se abre la puerta y elevo la vista para buscarte en la figura que aparece en la habitación. Y la vuelvo a bajar, decepcionada, cuando veo que no eres tú. ¿Vendrás? Ni siquiera lo sé. Y sigo aquí, como una tonta, esperándote cuando me dije que no lo haría. Y te odio por ello. Y me odio por ello.