jueves, octubre 20, 2011

El tiempo

Resulta curioso ver cómo el tiempo se transforma: rápido cuando sólo quieres que se detenga, lento cuando cuentas los días que faltan hasta que quieras volver a detenerlo.
Y sólo puedo rellenar esos días tratando de hacer que las cuentas sean más pequeñas: tres días para Madrid; después, 4 para Llanes y, luego, 8 para verte otra vez. Y ya no son 21. Se han convertido en 15, en tres números distintos, en otras cuentas que acaban llevándome a ti, a tus brazos, a volver a despertarme a tu lado y quejarme porque ocupas toda la cama.
Entonces, cuando lo pienso así, cuando aún no ha llegado la hora de comer y falta tanto tiempo para que llegues del trabajo, no hay frustración. O hay, pero menos. Será que de día soy más optimista que cuando llega la noche y las cuentas van a disminuir. Será que cuando te tengo a medias te echo más de menos, que los anocheceres contigo pero sin ti se hacen cortos... y que odio esa maldita hora de desfase que hace que me levante cuando ya te has ido y me acueste cuando a ti te queda un rato.

Tú...

El olor de la camiseta empieza a desvanecerse y ya no la abrazo por las noches para poder tener algo de ti cuando estoy más sola. Te echo de menos.
Tú, abrazándome cuando estaba triste o estresada; tú, besándome, alzando mis brazos como si fuera una marioneta y quitándome la camisa; tú, quitándote también la tuya y, finalmente, abrazándome y dándome el calor de tu piel.
Tú, tumbándonos, quitándote las gafas y apoyando mi cabeza sobre tu pecho. Tú... simplemente en silencio, o contándome una historia para que me tranquilice.
Tú, abrazándome mientras duermo, escabuyéndote para ir a cenar y volviendo después a donde mi cuerpo te espera, respetando y guardando tu espacio a mi lado.
Tú... despertándote conmigo. Susurrándome un "good morning, babe" y besándome como desayuno.

martes, septiembre 06, 2011

Cuatro días

De incertidumbre, de miedo, de soledad compartida. De despedidas. Gente a la que no volveré a ver jamás. Lágrimas que sé que derramaré en breve.
Día uno: nervios. Porque el segundo día es la presentación del proyecto y, con él, el fin del máster para mí y la mayoría de mis compañeros.
Día tres: maletas, abrazos. Mucha gente habrá terminado. Algunos se van ya. Gente de todos los rincones del mundo preparándose para partir. Estos son los que no volverás a ver nunca.
Día cuatro: mudanza. Nos vamos de aquí... Aún no sé a dónde. Más despedidas. De las que duelen de verdad. De las de gente con la que lo has compartido todo este año y a la que esperas volver a ver. ¿Pero cómo? Si aún no sabes dónde vas a terminar tú...
Por supuesto que estoy triste. Confusa. Perdida. ¿Qué esperábais?

viernes, julio 15, 2011

Yo soy así

Yo soy así, ¿qué te esperabas? Te lo advertí desde el principio. Y, no obstante, algo en mi interior cambia cuando te acercas. No quiero alejarte, no quieroi que te vayas. Pero no puedo hacerte la promesa que tus ojos me están pidiendo a gritos.

No estés triste, no llores. Sé que puedo superarlo, si estoy a tu lado. Pero dame tiempo, déjame respirar. Déjame crecer y ahonda en mi interior, ayudándome a desentrañar esta maraña de pensamientos y lágrimas.

No puedo sentir nada y no merezco que tú sientas por mí. Por favor, aléjate...

Pero vuelve a buscarme.

viernes, junio 24, 2011

Nueva

Es curioso ver cómo cosas que no te gustaba hacer con una persona te encantan con otra. Cómo lo imposible se vuelve posible cuando alguien nuevo llega y se instala a tu lado, dentro de ti, en tu corazón. Nuevos sentimientos, nuevas formas de sentirlos. Días y noches increíbles descubriendo a dos personas nuevas: tú, después de una mala época que te ha reformado por completo y te hace sorprenderte de tus nuevas capacidades, miedos y alegrías, y él.

Irracionalidades que parecen normales en su compañía. Ver que la impaciencia que antes habitaba en tu cabeza se ha disipado por completo y agradecer que no vuelva y que te deje disfrutar del momento, por una vez. Quizá por primera vez.

Añorar cada poro de su piel en cuanto te separas y saber que eso es lo que quieres: echarle de menos. Añorar las horas pasadas en la cama entre besos, sudor y risas.