Sus besos sabían a café. Besarlo era como sumergirse en una de las enormes plantaciones brasileñas. Y, como el café, creaba adicción. La necesidad de besos se convirtió en necesidad de abrazarlo, de buscarlo en la cama al despertar: todo eran ganas de estar con él, de no perder ni un minuto del tempus fugit ni el carpe diem.
Sus caricias eran como una ola que trepa por la pierna y, como tal, dejaban un rastro salado que luego le gustaba lamer hasta dejarme sin aliento, sofocando los incendios que las primeras habían creado en mi piel y creando otros nuevos, más intensos y menos localizados, como si su lengua fuera de fuego, como si fuera el viento que extiende las llamas hasta conseguir que arda un bosque completo.
Entonces, cuando me tenía completamente loca, cuando rugía pidiendo agua para apaciguar mi cuerpo ardiente, me hacía el amor como nadie lo había hecho antes, sofocando uno a uno todos mis incendios con sus besos de café... y entonces sabía que lo mejor estaba aún por llegar...
lunes, junio 08, 2009
Café
Maulló
La Chica Gato
a las
23:37
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2 maullidos:
Me encanta.
Pero no me recuerdes estas cosas, que yo estoy de baja sexual!
Un beso!
Chicagato ha encontrado a otra chicagato.
miau
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