jueves, junio 28, 2007

Carta 5



Querido Infierno:

Me han pedido que cuente mi historia, esa que tú ya conoces, la que me atormenta en mis sueños. Quieren que libere todos esos sentimientos que no me atrevo a reconocer ni siquiera ante mí mismo.
A veces me los encuentro cuando duermo; intentan sorprenderme cuando bajo la guardia, por eso no se han presentado aún cuando estoy consciente.
Quizá son Ellos los que lo provocan. Ellos, con sus impecables batas blancas que sólo pretenden impresionar. Conmigo ya no lo intentan. Me han dejado en manos del más nuevo, el único que aún posee esperanzas de que "me recupere", como dicen. Ya ni siquiera se toma la molestia de ponérsela cuando viene a verme. Sólo trae una libreta y esos ridículos pantalones rotos, y empieza a preguntar. Resulta fácil distraerle, porque es demasiado joven y soy su primer "caso". Quizá me empleen como entrenamiento de las nuevas promociones. En ese caso, ¿debería sentirme utilizado o, mejor, agradecido?

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